Últimamente, allá por donde pasamos, todo el mundo nos
comenta que este tiempo no es normal, ya sea por el sofocante calor (sur de
Francia), las lluvias torrenciales (Suiza) o el frío veraniego (Alemania). Nuestros
días son dominados por el verano más lluvioso de los últimos tiempos, quizá sea
cosa del cambio climático. Durante las fases de optimismo nos sentimos
afortunados de vivir este repentino monzón europeo, que no permite a la
naturaleza circundante amarillear como quisiera. El espectáculo de verdes
colinas se sucede por cualquier lugar de Centroeuropa, incluso ahora que ya es
tiempo de recoger el trigo. Sin embargo, el optimismo tiene su límite: el
granizo, los sacos de dormir empapados, los vendavales, las babosas
espachurradas dentro de la zapatilla y los ríos desbordados no son tan
divertidos cuando se sufren en directo.
lunes, 8 de septiembre de 2014
jueves, 14 de agosto de 2014
DÍAS DE BOHEMIA
Al fin hemos vuelto a las montañas, después de unos días que
se nos hacen eternos en Alemania siguiendo el río Isar (a mis enemigos no les
deseo ningún mal, pero ojalá algún día desperdicien sus vacaciones recorriendo
el Isarradweg). La República Checa tiene mucho que ofrecer, así que a lo largo
de las próximas semanas daremos unas cuantas vueltas tontas de estas que
caracterizan nuestra ruta para disfrutar de paisajes y pueblos con nombres de
tinte épico. Entramos a Chequia por el parque nacional de Šumava, en la región
de Bohemia. Dos bancos en medio del camino y un pequeño cartel delimitan una de
tantas fronteras invisibles que dividen Europa. En el portamapas de la bolsa del
manillar, cuatro palabras y frases básicas en checo.
martes, 12 de agosto de 2014
Y POR ESO SE VAN A MALLORCA
Llevamos un par de días en Austria y después de pensar en
recorrerla entera, acabamos por cambiar de opinión. Nos atraen sus montañas,
sus pueblos y su historia, pero no nos sentimos cómodos con su gente. Ha pasado
muy poco tiempo como para generalizar, pero las caras que observamos en las
plazas, las calles y las carreteras son de gente triste, y raro es el que
saluda. En un momento dado cruzamos el Rin buscando un supermercado abierto un
domingo en Suiza y ya no volveremos a entrar en Austria, encandilados otra vez
con la insospechada simpatía suiza.
| Lago Constanza. |
sábado, 19 de julio de 2014
EL QUESO GRUYERE NO TIENE AGUJEROS
Hace una semana bromeábamos con la picadura de abeja. Lo que
aún no sabíamos (pero no tardamos en descubrir) es que soy alérgica a la toxina
que inyectan con su aguijón, y Suiza no es un mal lugar para asumir la noticia.
Por suerte, estamos en buenas manos. Geraldine me lleva al hospital cuando la
mano empieza a hincharse más de lo normal y algo empieza a ir mal en la
garganta. Cuando el médico me pregunta si me ha cambiado la voz después del
picotazo, no imaginaba que una respuesta afirmativa iba a significar una noche
en la Unidad de Vigilancia Intensiva. El enfermero, gaditano, me explica que lo
normal es que la primera picadura de abeja sea molesta pero no peligrosa, pero
esta era ya la segunda, y la anafilaxis se presenta de manera bifásica; es
decir, que podía haber una crisis alérgica una vez que empezara a sentirme
mejor, así que sería mejor que pasara la noche en el hospital, enchufada a
varias máquinas para controlar el oxígeno, ritmo cardiaco, la tensión y la
temperatura. Alrededor de medianoche me pregunta si he cenado, y el gaditano vuelve
al rato con una cena pantagruélica que levanta envidias en la sala.
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